domingo, 21 de septiembre de 2025

Troleo político, o jugar con fuego en la batalla digital

El diario El País trae hoy un interesante artículo, firmado por Ángel Munárriz, en el que cinco expertos en comunicación política analizan los pros y contras de las rompedoras estrategias digitales del gobernador de California, Gavin Newsom, y de nuestro ministro de Transportes, Óscar Puente. Hace tiempo que me atrae y vengo siguiendo la irrupción de la izquierda en el terreno del troleo político, una estrategia tan interesante como arriesgada, sobre la que expondré algunos de mis puntos de vista.

En la política contemporánea, las redes sociales ya no son solo un altavoz: son el campo central de batalla. Y en ese terreno, la derecha lleva años jugando con ventaja. De Trump a Vox, pasando por Bolsonaro o Le Pen, el troleo —esa mezcla de burla, sarcasmo y provocación diseñada para viralizar— ha sido su arma favorita. Ahora, figuras progresistas como Gavin Newsom en Estados Unidos u Óscar Puente en España han decidido devolver el golpe con las mismas herramientas. Como digo, el giro es comprensible, pero también arriesgado.

Como constatamos con frecuencia, el ministro español no se limita a inaugurar obras o presentar proyectos: dispara ironías contra el PP, replica a titulares de prensa con mordacidad y se ha convertido en un generador habitual de titulares digitales. Por otro lado, Newsom, desde California, responde a Donald Trump con parodias y guiños que buscan ridiculizarlo en su propio terreno.

El resultado es evidente: visibilidad, viralidad y aplausos de las bases progresistas, hartas de constatar cómo la derecha imponía el marco digital sin oposición. ¿Quién no disfruta de un buen zasca cuando se dirige al adversario político? La satisfacción es inmediata, y la recompensa mediática segura.

Pero la política no puede convertirse en un concurso de ingenio. El troleo moviliza, sí, pero difícilmente persuade. Los votantes indecisos, que deciden elecciones en democracias como España, Alemania o Estados Unidos, suelen mirar con desconfianza estos intercambios de memes e insultos. Si todo se reduce al espectáculo, la sensación de que «todos son iguales» crece. Y ahí la izquierda pierde una de sus principales bazas: la autoridad moral que siempre le permitió erigirse como contrapeso a la crispación de la derecha.

Además, cuando quien juega a la provocación es un ministro o un gobernador, se erosiona el prestigio institucional. Una cosa es que un diputado de la oposición lance sarcasmos y otra, muy distinta, que lo haga quien debe representar al Estado.

Lo que hacen Newsom y Puente no son excepcionalidades. En Alemania, los socialdemócratas han ensayado mensajes irónicos contra la ultraderecha de AfD. En Francia, La Francia Insumisa de Mélenchon ha convertido los memes en herramienta de lucha cultural. Y en Italia, algunos sectores progresistas intentan responder en redes al omnipresente Matteo Salvini.

La pregunta es siempre la misma: ¿hasta dónde se puede incursionar en el terreno de la provocación sin perder credibilidad? Y, sobre todo, ¿puede la izquierda ganar una batalla que inventó la derecha?

Es ingenuo pensar que el troleo no tiene ventajas. En un ecosistema mediático gobernado por algoritmos, la ironía multiplica el alcance y permite a la izquierda plantar cara en un terreno donde estaba en clara desventaja. Newsom ha logrado con ello perfilarse como presidenciable dentro de los demócratas. Puente, con sus mensajes afilados, ha conseguido una relevancia en la política española que trasciende su cartera.

El problema es la sostenibilidad. Lo que hoy da visibilidad puede convertirse mañana en un bumerán. El sarcasmo no construye consensos, no atrae al votante moderado y, a la larga, puede alimentar el mismo clima de polarización que tanto se critica.

Si la tendencia se consolida, veremos una izquierda más combativa en redes, capaz de arañar terreno simbólico y de cohesionar a su electorado. Probablemente logre incomodar a la derecha y neutralizar parte de su hegemonía digital.

Pero la probabilidad de ganar elecciones únicamente a golpe de troleo es muy limitada. Para vencer, la izquierda necesitará combinar el ingenio viral con propuestas claras, discursos que inspiren confianza y una gestión eficaz que demuestre solvencia. El sarcasmo puede abrir la puerta a la conversación, pero nunca reemplazarla.

Porque no debe olvidarse que el troleo político es un arma de doble filo. Usado con moderación, puede ser una herramienta legítima para combatir la desinformación y ridiculizar el extremismo. Usado en exceso, degrada el debate, trivializa las instituciones y convierte la política en un espectáculo sin sustancia.

Newsom y Puente han decidido jugar con fuego. Si logran controlar la llama, habrán demostrado que la izquierda puede competir en el terreno digital sin perder sus principios. Si se dejan arrastrar por la lógica del meme, solo contribuirán a conformar un paisaje político donde la provocación sustituye a la política y el ruido ahoga a las ideas. Y no me parece que estas deban ser sus aspiraciones, y menos sus obligaciones.


 

2 comentarios:

  1. Certament, l'esquerra no pot acabar monopolitzant el seu discurs polític amb este merder. Es pot i ha de fer una pedagogia comunicativa racional que li atorgue la màxima autoritat moral davant la ciutadania.

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